LA EVOCACIÓN DE LAS IDEAS

Rubén Leyva

Todos tenemos una experiencía de lo que no podemos asegurar si pertenece o no a la realidad, son vagos recuerdos que comprometen la fidelidad de la memoría y nos cuesta trabajo evocar, por eso, casi no los tocamos. Hay imagines que tienen la facultad de reactivar lo que reposa intangible en la memoria. La obra de Mona J Lang despliega una serie de de scenarios que nos conducen a través de crueles batallas entre lo deseable y lo indeseable a ésta possible realidad ya vivida, el contenido de humor cargado de tragedia se sujeta al péndulo que oscila entre el arte y el comic, y así nos sitúa dentro de lo que pueden ser actos de magia, malabares y castigos, nos plantea una serie de sucesos como si se tratara de algo que se pudiera simplemente desear, desencadenar o ejecutar.


Nuestra psique occidental nos ha tráido al borde de lo absurdo, es lo que parecen denunciar algunos de sus personajes con el sarcasmo aparentemente juguetón contenido en cada escena, desde la vestimienta hasta la acción , la escena teatral que representa está más allá de la simple apreciación, hay una estrechez con el pasado y el presente, pero además nos hace sentir la facilidad con que pone e interpone a sus protagonistas, ya sean heroes ó villanos en una atmósfera que provoca el vacío y una saturación que encierra lo simple.


La parte técnica en su obra pasa desapercibida, absorbe el suceso, el tartar de descubrir dónde estoy o quién podría yo ser en ese acto, donde sin importar qué tan poblado de personajes esté, prevalecerá este sentimiento de soledad, vacío y abandonado llena de horas de reflexión en cual Lang sabe saborear y explotar de manera que nos hace sentir que podemos llegar a ser nosotros mismos los hacedores, si no del cuadro, al menos sí de las ideas, que alguna vez habrán estado en nuestras mentes, pero que solo ella tuvo lo requerido para poderlas interpretar. La estrechez que hay entre la obra y el espectador es innegable, por eso no pedemos sustraernos a la invitación de ser sus cómplices, ya sea ésta una obra de teatro o de la realidad, forzosamente quedaremos atrapados y con el compromiso de acabarla de una o otra forma, hasta el grado de hacernos responsables de lo que estamos viendo e imaginando.


Mona se percibe como una pintora honesta con ella misma y nos hace entrega de su legado,-el que éste sea- y ahí radica su valor, ahí está su fuerza, implícita hasta el más ingenuo, sin eso no podría ser ella, no daría como resultado un trabajo que lo relacionas, lo sientes, lo intuyes, lo haces propio. Ahora tiene el compromiso con ella misma y con nosotros para seguir suministrando ésta formula de lo sugerido en la cual podemos desatar el deseo de las ideas y concluirlas como nostros queremos.